Opinión
Por: Ignacio Ramonet
Donald Trump ha declarado en repetidas
ocasiones que la organización Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés)
es el « enemigo principal » de su país y que, por consiguiente, su primera
preocupación será destruirlo militarmente. Para alcanzar ese objetivo, Trump
está dispuesto a establecer una alianza táctica con Rusia, potencia
militarmente presente en la región desde 2015 como aliada principal del
gobierno de Bachar El Asad. Esta decisión de Donald Trump, si se confirma,
representaría un cambio de alianzas espectacular que desconcierta a los propios
aliados tradicionales de Washington.
Unos días
después del acuerdo entre Rusia y Turquía que permitió acabar con la
interminable batalla de Alepo, leí en un célebre semanario francés el
comentario siguiente : « La permanente crisis de Oriente Medio está lejos de resolverse.
Unos piensan que la solución pasa obligatoriamente por Rusia, mientras otros
creen que todo depende de Turquía. Aunque lo que queda claro ahora es que, de
nuevo y definitivamente –por lo menos cabe desearlo-, Rusia tiene en sus manos
los argumentos decisivos para poner punto final a esa crisis. » ¿Qué tiene de
particular este comentario ? Pues que se publicó en la revista parisina
L’Illustration... el 10 de septiembre de 1853.
O sea, hace
ciento sesenta y tres años, la crisis de Oriente Medio ya era calificada de «
permanente ». Y es probable que lo siga siendo... Aunque un parámetro
importante cambia a partir de este 20 de enero : llega un nuevo Presidente de
Estados Unidos a la Casa Blanca : Donald Trump. ¿Puede esto modificar las cosas
en esta turbulenta región ? Sin ninguna duda porque, desde final de los años
1950, Estados Unidos es la potencia exterior que mayor influencia ejerce en
esta area y porque, desde entonces, todos los presidentes estadounidenses, sin
excepción, han intervenido en ella. Recordemos que el caos actual en esta zona,
es, en gran parte, la consecuencia de las intervenciones militares
norteamericanas decididas, a partir de 1990, por los presidentes George H.
Bush, Bill Clinton y George W. Bush, y por el (más reciente) azorado apoyo a
las « primaveras árabes » estímuladas por Barack Obama (y su secretaria de
estado Hillary Clinton).
Aunque
globalmente la linea que defendió el candidato republicano durante su campaña
electoral fue calificada de « aislacionista », Donald Trump ha declarado en
repetidas ocasiones que la organización Estado Islámico (ISIS, por sus siglas
en inglés) es el « enemigo principal » de su país y que, por consiguiente, su
primera preocupación será destruirlo militarmente. Para alcanzar ese objetivo,
Trump está dispuesto a establecer una alianza táctica con Rusia, potencia
militarmente presente en la región desde 2015 como aliada principal del
gobierno de Bachar El Asad. Esta decisión de Donald Trump, si se confirma,
representaría un cambio de alianzas espectacular que desconcierta a los propios
aliados tradicionales de Washington. En particular a Francia, por ejemplo, cuyo
gobierno socialista -por extrañas razones de amistad y negocios con Estados
teocráticos ultrareaccionarios como Arabia Saudita y Qatar- ha hecho del
derrocamiento de Bachar El Asad, y por consiguiente de la hostilidad hacia el
presidente ruso Vladimir Putin, el alfa y el omega de su política exterior[i].
Donald Trump
tiene razón : las dos grandes batallas para derrotar definitivamente a los
yihadistas del ISIS –la de Mosul en Irak, y la de Raqqa en Siria- aún están por
ganar. Y van a ser feroces. Una alianza militar con Rusia es, sin duda, una
buena opción. Pero Moscú tiene aliados
importantes en esa guerra. El principal de ellos es Irán que participa
directamente en el conflicto sirio con hombres y armamento. E indirectamente
pertrechando a las milicias de voluntarios libaneses chiitas del Hezbollah.
El problema para
Trump es que también repitió, durante su campaña electoral, que el pacto con
Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní, que entró en
vigor el 15 de julio de 2015, y al que se habían opuesto duramente los
republicanos en el Congreso, era “un desastre”, “el peor acuerdo que se ha
negociado”. Y anunció que otra de sus prioridades al llegar a la Casa Banca
sería desmantelar ese pacto que garantiza la puesta bajo control del programa
nuclear iraní durante más de diez años a la vez que levanta la mayoría de las
sanciones económicas impuestas por la ONU contra Teherán.
Romper ese pacto
con Irán no será sencillo, pues se firmó con el resto de los miembros
permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, Reino Unido,
Rusia) y Alemania, a los que Washington tendría que enfrentarse. Pero es que,
además, como se ha dicho, el aporte de Irán en la batalla contra el ISIS, tanto
en Irak como en Siria, resulta fundamental. No es el momento de enemistarse de
nuevo con Teherán. Moscú, que ve con buenos ojos el acercamiento de Washington,
no aceptará que esto se haga a costa de su alianza estratégica con Teherán.
Uno de los
primeros dilemas del presidente Donald Trump consistirá pues en resolver esa
contradicción. No le resultará facil. Entre otras cosas porque su propio equipo
de halcones, que acaba de nombrar, parece poco flexible en lo que concierne las
relaciones con Irán[ii].
Por ejemplo el
general Michael Flynn, su asesor de Seguridad Nacional (lo que Henry Kissinger
fue para Ronald Reagan), está obsesionado con Irán. Sus detractores le definen
como "islamófobo" porque ha publicado opiniones quemuchos consideran
abiertamente racistas. Como cuando escribió en su cuenta de Twitter : "El
temor a los musulmanes es perfectamente racional." Flynn participó en las
campañas para desmantelar las redes insurgentes en Afganistán e Irak. Asegura que la militancia islamista es una «
amenaza existencial a escala global ». Igual que Trump, sostiene que la
organización Estado Islámico es la « mayor amenaza » que enfrenta EE.UU. Cuando
fue director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (AID), de 2012 a 2014,
dirigió la investigación sobre el asalto al consulado estadounidense de
Bengasí, en Libia, el 11 de septiembre de 2012, en el que murieron varios
‘marines’ y el embajador norteamericano Christopher Stevens. En aquella ocasión,
Michael Flynn insistió en que el objetivo de su agencia, como el de la CIA, era
« demostrar el rol de Irán en ese asalto »[iii]. Aunque jamás haya habido
evidencia de que Teherán tuviera cualquier participación en ese ataque.
Curiosamente, a pesar de su hostilidad a Irán, Michael Flynn está a favor de
trabajar de manera más estrecha con Rusia. Incluso, en 2015, el general viajó a
Moscú donde fue fotografiado sentado al lado de Vladimir Putin en una cena de
gala para el canal estatal de televisión, Russia Today (RT), donde ha aparecido
regularmente como analista. Posteriormente, Flynn admitió que se le pagó por
hacer ese viaje y defendió al canal ruso diciendo que no veía « ninguna
diferencia entre RT y el canal estadounidense CNN ».
Otro anti-iraní
convencido es Mike Pompeo, el nuevo director de la CIA, un ex-militar graduado
de la Academia de West Point y miembro del ultraconservador Tea Party. Tras su
formación militar, fue destinado a un lugar de extrema tensión durante la
Guerra Fría: patrulló el ‘Telón de Acero’ hasta la caída del Muro de Berlín en
1989. En su carrera como político, Mike Pompeo formó parte del Comité de
Inteligencia del Congreso, y se destacó en una investigación que puso contra
las cuerdas a la candidata demócrata Hillary Clinton por su pretendido papel
durante el asalto de Bengasi. Ultraconservador, Pompeo es hostil al cierre de
la base de Guantánamo (Cuba), y ha criticado a los líderes musulmanes de
Estados Unidos.Es un partidario decidido de dar marcha atrás al tratado nuclear
firmado con Irán, al que califica de « Estado promotor del terrorismo ».
Pero quizas el
más rabioso enemigo de Irán, en el entorno de Donald Trump, es el general James
Mattis, apodado 'Perro Loco', que estará a cargo del Pentágono[iv], o sea
ministro de la Defensa. Este general retirado de 66 años, demostró su liderazgo
militar al mando de un batallón de asalto durante la primera guerra del Golfo
en 1991 ; luego dirigió una fuerza especial en el sur de Afganistán en 2001
;después comandó la Primera División de la Infantería de Marina que entró en
Bagdad para derrocar a Sadam Husein en 2003 ; y, en 2004, lideró la toma de
Faluya en Irak, bastión de la insurgencia suní. Hombre culto y lector de los
clásicos griegos es también apodado el 'Monje Guerrero', alusión a que jamás se
casó ni tuvo hijos. James Mattis ha repetido infinitas veces que Irán es la «
principal amenaza » para la estabilidad de Oriente Medio, por encima de
organizaciones terroristas como el ISIS o Al Qaeda : "Considero al ISIS
como una excusa para Irán para continuar causando daño. Irán no es un enemigo
del ISIS. Teherán tiene mucho que ganar con la agitación que crea el ISIS en la
región."
En materia de
geopolítica, como se ve, Donald Trump va a tener que salir pronto de esa
contradicción. En el teatro de operaciones de Oriente Próximo, Washington no
puede estar –a la vez- a favor de Moscú y contra Teherán. Habrá que clarificar
las cosas. Con la esperanza de que se consiga un acuerdo. De lo contrario, hay
que temer la entrada en escena del nuevo amo del Pentágono, James Mattis ‘Perro
Loco’, de quien no debemos olvidar su amenaza más famosa, pronunciada ante una
asamblea de notables bagdadíes durante la invasión de Irak: "Vengo en
paz.No traje artillería. Pero con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me
fastidian,¡ os mataré a todos !"
[i] Aunque, como
se sabe, hay eleciones en mayo próximo en Francia, a las cuales el actual
presidente socialista François Hollande, muy impopular, ha decidido no
representarse. El candidato conservador con mayores posibilidades de ganar,
François Fillon, ha declarado por su parte que reorientará la política exterior
francesa para normalizar de nuevo las relaciones con Moscú.
[ii] Léase, Paul
Pillar, « Will the Trump Administration Start a War with Iran ? », The National Interest, 7 de diciembre de 2016.
http://nationalinterest.org/blog/paul-pillar/will-the-trump-administration-start-war-iran-18652
[iii] Léase, The
New York Times, 3 de diciembre de
2016.http://www.nytimes.com/2016/12/03/us/politics/in-national-security-adviser-michael-flynn-experience-meets-a-prickly-past.html?_r=0
[iv] James
Mattis necesitará que el Congreso le conceda una excepción para esquivar la ley
que exige que pasen siete años entre salir del Ejército y acceder a la jefatura
del Pentágono.
TeleSur

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