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El Gobierno de
Francia y la central sindical CGT siguen sin acercar posturas. Ambas partes han
escenificado este domingo, cuando han mantenido nuevos contactos telefónicos,
sus posiciones enfrentadas sobre la reforma laboral en medio de la oleada de
huelgas y protestas contra la medida.
La CGT ha
advertido que continuará con su campaña de paros y manifestaciones para
presionar al Gobierno a que abandone los planes para facilitar a las compañías
la contratación y el despido de trabajadores. Por su parte, el primer ministro
de Francia, Manuel Valls, ha asegurado que está decidido a no unirse a la larga
lista de políticos que han tenido que reconocer su derrota ante las protestas
ciudadanas. “Si sucumbiésemos a las protestas y a la CGT por obsesionarnos con
el corto plazo de 2017 (cuando se celebrarán elecciones generales), lo
perderíamos todo”, ha argumentado.
A mediados de la
década de los noventa, el entonces primer ministro Alain Juppe desencadenó los
peores disturbios ocurridos en Francia en las últimas décadas tras decir que no
cambiaría su opinión sobre una reforma de las pensiones, pero finalmente tuvo
que dar marcha atrás después de semanas de huelga y protestas. Ahora, el
Gobierno se encuentra bajo presión para encontrar una solución antes del 10 de
junio, día en el que comenzará la Eurocopa 2016 de fútbol en Francia, una
competición que la CGT ha amenazado con interrumpir.
La CGT, liderada
por Philippe Martínez, exige la retirada del proyecto de ley de la ministra de
Trabajo, Myriam El Khomri, para volver a la mesa de negociaciones. El Ejecutivo
no está dispuesto a renunciar a esa ley, aunque admitiría enmiendas que no
cuestionen su “filosofía”, en particular la del más polémico artículo 2. Ese
artículo es el que invierte la jerarquía de las normas sociales al dar primacía
sobre una serie de aspectos ─en particular la organización del tiempo de
trabajo─ a los acuerdos que se negocien en las empresas, en detrimento de los
convenios colectivos.
Mientras, el
país se prepara para una nueva semana de huelgas, protestas y bloqueos en los
sectores de los transportes públicos y de la energía. Las intervenciones de las
fuerzas del orden de los últimos días para liberar el acceso de los depósitos
de carburante en los que se habían instalado piquetes se han notado en la
disminución del número de estaciones de servicio con los tanques vacíos, según
las cifras ofrecidas por algunos departamentos, como el estratégico de Loire
Atlantique, con capital en Nantes. Sin embargo, la situación en las ocho
refinerías del país no ha evolucionado, de forma que cuatro están totalmente
paradas y en dos más la actividad se encuentra muy reducida.
Los sindicatos
han formalizado una cascada de convocatorias de paros en el transporte público,
que deben empezar este martes por la tarde en los ferrocarriles, prorrogable
día a día. Cuatro sindicatos han lanzado esa convocatoria en la Sociedad
Nacional de Ferrocarriles (SNCF) para presionar en la negociación de sus
condiciones internas, pero la CGT y Sud-Rail han añadido el rechazo a la
reforma laboral en sus motivos.
Igualmente las
reclamaciones internas y las protestas contra la ley “El Khomri” están detrás
del paro en la entidad del transporte metropolitano de París a partir del
jueves con carácter indefinido, y que por tanto teóricamente podría prolongarse
hasta el inicio de la Eurocopa. Asimismo, el viernes será la primera de tres
jornadas (durante todo el fin de semana) de un paro organizado por todos los
sindicatos de los controladores aéreos, en su caso para obtener una serie de
exigencias en las negociaciones sobre su convenio colectivo. La reunión de este
lunes de esos sindicatos con la Dirección General de la Aviación Civil (DGAC)
puede todavía evitar esa convocatoria, pero en caso contrario habrá que prever
la anulación de cientos de vuelos.

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