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El gobierno de
Mauricio Macri atravesó la peor semana desde que ocupa el sillón presidencial,
con reveses en el Congreso y en las calles.
El primer golpe
en el mentón se lo asestó la oposición, el miércoles último, en la Cámara del
Senado al aprobar por amplísima mayoría un proyecto de ley que declara la
emergencia ocupacional y contempla la doble indemnización en casos de despidos
sin causa.
La iniciativa
fue rechazada por el oficialismo y desde el Gobierno amenazaron con vetarla en
caso de que finalmente la Cámara de Diputados termine por aprobarla, algo que
resulta factible si se tienen en cuenta las voces que se pronunciaron a favor
de ponerle un freno a los despidos.
El segundo golpe
que recibió Mauricio Macri se lo propinaron las centrales obreras con la masiva
movilización del último viernes. En un gesto inédito de unidad sindical, los
principales dirigentes obreros reclamaron al Ejecutivo que cese con sus
políticas de ajuste, depreciación de los salarios y aumento de precios.
En un fuerte
documento que se leyó al comienzo del acto, le exigieron a Macri que deje de
poner en manos del mercado las decisiones económicas y que atienda con urgencia
las necesidades de los trabajadores.
También
advirtieron al presidente que de vetar la ley que prohíbe los despidos, se
recrudecerán los reclamos y se avanzará en un paro general de actividades.
Esta semana que
comienza, la Cámara de Diputados será el escenario central del devenir político
en Argentina. Con mayor heterogeneidad de fuerzas partidarias con
representación parlamentaria, se espera un debate ríspido en torno a la ley que
cuenta con media sanción del Senado.
Incluso, la
Cámara Baja tenía su propio proyecto de emergencia ocupacional, pero ante la
inmediatez que imponen las circunstancias, dejarán de lado el dictamen aprobado
y se dedicarán a analizar la norma que tuvo origen en la Cámara Alta.
El principal
bloque opositor -el Frente para la Victoria- asegura tener los votos
suficientes para darle sanción definitiva, sumando en ese acuerdo a los
diputados del bloque Justicialista, del Frente Renovador, del Partido
Socialista y los legisladores de izquierda.
Casi en soledad
quedó el oficialismo de Cambiemos en su travesía por frenar una ley reclamada
por todos los sectores productivos, incluso por algunas pequeñas empresas.
En esta travesía
impopular, como lo marca la historia, el Gobierno solo es apoyado por las
cámaras empresariales y los sectores más concentrados de la economía.
Este entramado
de reclamos (despidos, inflación, ajuste, represión, persecución ideológica)
provocó algunos conflictos al interior del Gabinete nacional. Algunos de los
funcionarios están pidiendo que se atiendan y solucionen los pedidos de las
centrales obreras, mientras que otros insisten con profundizar el ajuste.
Las peleas más
evidentes se dan en el equipo económico, entre el ministro de Hacienda, Alfonso
Prat Gay, y el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger. El motivo:
quién se hace cargo de la terrible inflación que amenaza con superar el 40 por
ciento anual.
En este
contexto, la “revolución de la alegría” que prometió Mauricio Macri en campaña
está cerca de exhibir su rostro más perverso: la desprotección de los más
necesitados. Sólo las movilizaciones populares pueden impedir que eso suceda.

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